"COSAS QUE HE VISTO EN BURKINA FASO"
La quema

Son las 7 de la tarde, todo está oscuro. Parece que llueve, no muy fuerte, una lluvia suave golpeando la chapa del techo. Me bailan las ideas en la cabeza. Es una lluvia apacible, rítmica, con acento flamenco, inusual. Es la primera vez que siento este ruido. Me levanto en medio de la noche y salgo de la habitación por la puerta de la cocina, donde la terracita da al campo. Seguro que es la última lluvia del año.
¡Pero no! En realidad están quemando el campo. Lo que oía era la crepitación del fuego. Hace viento. Viene hacia nosotros. Estas últimas semanas, se quema el campo por todas partes. De repente, aparecen pueblos donde antes solo había vegetación: mijo, maíz, caña. Unos dicen que es porque al llover sobre cenizas se nutre mejor el campo, otros que así no se puede esconder nadie allí. Se practica mucho en los bordes de las carreteras, en las zonas rurales. Es peligroso, pero el policía que está junto a mí me habla de tradición.
Nadie parece preocupado, los vecinos no reaccionan, pero yo no me fio. El humo es muy denso, el viento fuerte… y viene hacia mi casa.
- Es la tradición, me explican tranquilamente.
- Es que la “tradición” está muy cerca de mi casa, les digo. En España, en las fiestas de los toros todos los años hay muertos. Algunos turistas blancos corren antes las bestias sin percibir el peligro. Yo no quiero ser la blanca de su tradición.
Pero ellos se ríen - si el incendio llega a su casa, llame a su vecina, ella sabrá apagarlo -
El funcionario
- Ah, ¿es funcionario?
- Sí, sí, funcionario. Lo que no sé es de qué nivel. Como sabrás, hay cosas sobre las que no es adecuado preguntar, pero grado tiene, eso seguro, pero no sé cuál.
- Eso es lo que me pregunto, qué grado tendrá.
Y es que esta es una sociedad en la que casi todo se soluciona mediante relaciones personales. Las relaciones que un padre de familia pueda establecer y el número de personas con poder que pueda conocer son de suma importancia.
Si conoces a estas personas, cualquier trámite que cueste dinero se puede arreglar desde casa. Así como en Canadá encargamos todo tipo de comida a los restaurantes y tiendas de alimentación por teléfono, aquí los trámites se reparten a domicilio. Los sueldos son bajísimos, con un coste de vida parecido al europeo y eso implica que cada uno haga malabarismos para sobrevivir. Y lo primero en desaparecer en tiempos de dictadura, (“electa” o no) es la honradez. Aquí no desaparecerá la corrupción sin un nivel de vida “equitativo” o por lo menos “soportable sin trapicheos”. Ahora bien, dudo mucho de que en las mismas condiciones de supervivencia, nosotros mantuviéramos nuestros escrúpulos.
Madera y cocinas solares

En el África francófona se desarrolla un proyecto para reciclar a las mujeres que practican todavía la ablación y que son buena parte del problema cuando se quiere cambiar la mentalidad en ese asunto. Para ello, se las envía a la India a familiarizarse con el uso y el mantenimiento de cocinas solares. Así las alejan temporalmente.
Pienso en ello, muchas mañanas, al ver a las mujeres pasar por nuestro barrio en su camino diario desde sus pueblos al mercado de la ciudad. Mientras bebo té en la terraza, las veo desfilar con sus cargas sobre la cabeza: pirámides de cacerolas conteniendo judías, harina o alguna comida preparada, los barreños enormes de las vendedoras de todo, las neveras de camping de las vendedoras de zumos… y veo también las largas y enormes cargas de madera para los fuegos y me imagino también a esas mujeres cambiando de trabajo si alguna vez se generaliza el uso de las cocinas solares.
El director de la escuela y el precio de las patatas

Un litro de leche 2 euros; una lata de atún en aceite de la peor calidad 1,50€, una docena de huevos minúsculos y blanquecinos 1,90€; el kilo de patatas o de plátanos 1€; el kilo de arroz 1,20€. Nosotros comemos carne una vez a la semana, latas de sardinas y atún, huevos, leche, yogur, arroz, pasta y la verdura disponible: pimientos verdes ultraligeros, tomates, pepinos, cebollas, berenjenas, coles y patatas, además de plátanos; se puede decir que tenemos una alimentación completa y eso nos cuesta unos 4€ por persona al día. Si una familia de 4 personas hiciera lo mismo, esto significaría 480€ al mes. La escolarización de un niño durante un año, entre 60 y 90 euros. El alquiler, 60€ al mes si la casa tiene un pequeño servicio, etc.
El director de la escuela de Sansana tiene un sueldo de unos 183€ al mes. Ni él ni sus hijos comen otra cosa más que los cereales (mijo y arroz) y las judías que come la mayoría de la población. Para sobrevivir, tiene que cultivar el campo o criar animales en su tiempo libre, ¿qué tiempo libre? el que le queda cuando ha cumplido con la lista de tareas que se le asignan y cuando ha elaborado el debido informe

La solidaridad ayuda a sobrevivir
¿Qué hace la gente para sobrevivir? Pues tratar de multiplicar sus pequeñas ganancias. Van y vienen, buscan, negocian… Pero sobre todo funciona la solidaridad. La solidaridad, ese humanismo que impide que los mayores se encuentren aquí, como muchos en occidente, desamparados. Esa solidaridad que hace de la pérdida de un ser querido una pérdida para toda la comunidad. Esa solidaridad que impide comer su único plato de maíz sin invitar al otro a compartirlo. Esa solidaridad que hace que el hermano en dificultad sea siempre bienvenido a tu

LORENA KIN